🌱 Nuestra historia: Nono & Romer, verdinas con alma y tierra en los dedos

Hubo un tiempo en que nadie imaginaba que dos hombres tan distintos pudieran caminar el mismo surco.
Uno, Nono, nacido del barro asturiano, con manos anchas y gesto lento; otro, Romer, llegado desde el asfalto de Carabanchel, con más preguntas que certezas, y un chándal negro como única armadura.

Y sin embargo, las verdinas los unieron.

No fue el destino, sino el camino.
Romer vino haciendo el Camino de Santiago. A pie. Con ampollas, mochila, y una libreta donde escribía cosas que aún no entendía. Al pasar por Valdés, el mar lo miró de frente y decidió quedarse. Fue en el puerto de Luarca donde conoció a Nono. Este le ofreció un culín de sidra y le dijo:

—Si vienes a buscar raíces, empieza por la tierra.

📖 Aprender a plantar, aprender a quedarse

No plantaron verdinas para ganar dinero. Plantaron para quedarse.

Y como todo lo que se hace con respeto, se formaron.
Pasaron semanas entre manuales, charlas de la IGP Faba Asturiana, y tierras que les enseñaban más que cualquier profesor. Aprendieron a preparar el suelo como se prepara una cama para un hijo, a cuidar la planta desde la semilla con el mismo cuidado que un poeta pone en la primera palabra.

  • Subsolado en otoño,
  • semilla certificada,
  • acolchado que protege,
  • agua justa y precisa,
  • abono que respeta la tierra,
  • y recolección en el susurro del tiempo exacto.

Y después, el secado. El almacenamiento.
El mimo. El silencio. El olor de lo que está hecho con amor.

💚 La verdina, como una carta de amor

Latierna.com no es una tienda.
Es una carta de amor en forma de legumbre.
Una forma de decir: “esto somos nosotros, y esto os damos”.

Cada verdina que sale de sus manos lleva detrás la conversación lenta entre dos hombres que eligieron cuidar lo pequeño.
El campo no les da fama, ni likes, ni titulares.
Pero les da sentido.

Porque cuando Nono planta, lo hace como quien reza.
Y cuando Romer cosecha, lo hace como quien vuelve a casa.
No hay mayor lujo que ese.

🌾 Porque esto no es trabajo, es querer

Cuidar la tierra no es un oficio. Es una forma de querer.

Y si algo define su verdina, es eso:
no solo sabe bien, se nota que está hecha con amor.
Un amor callado, de madrugar con frío y acostarse con la espalda cargada.
Un amor de los de antes. De los de verdad.

Y si alguien pregunta quiénes son Nono y Romer, se puede decir:
—Uno vino de fuera, el otro estaba aquí.
Pero los dos, ahora, pertenecen a lo mismo:
a la tierra, a la verdina… y a un futuro sembrado con corazón.