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🌱 El arte de plantar fabas y verdinas
Plantar fabas o verdinas no es solo un oficio, es un vínculo.
Es tierra, calendario, saber antiguo… y también adaptación.
Porque hoy, la tradición camina de la mano de la tecnología:
se siguen respetando los ritmos de siempre, pero con herramientas que ayudan sin estorbar.
Todo empieza en los meses de febrero o marzo, cuando la tierra empieza a desperezarse del invierno.
Se hace el subsolado, profundo, para oxigenar el terreno. Con tractor, sí, pero con el mismo cuidado que ponían los abuelos.
Después, se aplica abonado orgánico —de ganado local— que se ha madurado con tiempo, no con prisa.
El terreno se alisa, se traza. Las líneas se marcan con precisión, y la siembra se hace con sembradora, depositando cada semilla en su lugar, a la profundidad justa, en surcos amplios si son fabas, más juntos si son verdinas.
La semilla, eso sí, es siempre certificada, con garantía sanitaria.
Y aunque hay manos, también hay máquinas que acompañan: en el riego, en el control de plagas, incluso en el aclareo cuando hace falta.
Las plantas crecen.
Florecen en verano, con la costa asturiana como telón de fondo.
Y cuando llega septiembre, se inicia la recolección, que puede ser manual en pequeñas parcelas o mecanizada en fincas más grandes, siempre con cuidado de no dañar la vaina.
Luego, las vainas se dejan secar con mimo:
a veces al sol, a veces en secaderos ventilados que aseguran que no se pierda ni una pizca de calidad.
Después, se desgranan con máquinas especializadas.
🫛 La selección: donde empieza la excelencia
Y ahí comienza uno de los momentos más delicados: la selección.
Porque no toda faba vale.
Ni toda verdina.
Una vez limpias y secas, las legumbres pasan por un proceso que es parte técnica y parte artesanía.
Las máquinas separan lo grueso, lo dañado, lo irregular…
pero la mirada final sigue siendo humana.
Las manos de quienes conocen la verdina desde antes de que tenga nombre.
Con ojos entrenados para ver lo invisible:
el color justo, la forma redonda, la piel tersa.
Se descartan las que no cumplen, se mima cada lote, se conserva solo lo mejor.
No hay prisa, no hay atajos.
La excelencia no se improvisa, se selecciona con amor.
🌍 Un cultivo que respeta el entorno
Todo el proceso se hace pensando también en lo que queda después.
Respetamos el medio ambiente:
rotamos cultivos, usamos acolchados biodegradables, controlamos el agua con riego por goteo y evitamos químicos innecesarios.
Porque la tierra no es solo un recurso:
es herencia, es madre, y también es futuro.
💚 Valdés dentro de cada verdina
Y cuando llega la hora de cocinarla, cada fabina lleva dentro algo más que sabor:
lleva el alma de Valdés.
Su brisa marina, su lluvia fina, su sol entre montañas,
y ese silencio húmedo de los praos al atardecer que solo entienden quienes han vivido aquí.
Cada cucharada cuenta una historia.
Y quien prueba estas fabas o estas verdinas, prueba también un rincón del paraíso verde del norte.
Un trocito de Asturias con forma de legumbre.